En la vida de una persona hay momentos de decisiones muy importantes. A veces uno debe tomar una decisión que cambiará su vida de raíz. En esos momentos se pregunta: «¿Debo hacerlo?». Cambiar el trabajo en el que has trabajado durante años es una decisión de ese tipo. Y si, además, vas a cambiar de país y de forma de vida, se convierte en una de las decisiones más importantes de tu vida.

Y si encima traes contigo a tu pareja y a tus hijos, resulta aún más difícil. Hace dos años vine a Dubái con mi marido. Fue una gran decisión para nosotros. En Turquía teníamos una vida bonita y asentada, nuestros amigos, nuestras familias. Mi inglés no era muy bueno. Al principio, el cambio no nos resultó demasiado atractivo. Pusimos la decisión sobre la mesa.

¿Qué nos aportaría mudarnos? Vivíamos una vida rutinaria y agradable dentro de una zona de confort. Además, nuestros mayores, pasada cierta edad, habían empezado a luchar contra el párkinson y el alzhéimer.

Eso nos asustaba. Los psicólogos afirman que pasar de una mentalidad fija a una mentalidad flexible ayuda a las personas a afrontar mejor los obstáculos y a aumentar su éxito. Como también se sabe que salir de la zona de confort es beneficioso para el cerebro y, aunque al principio cueste, importante para el crecimiento y el desarrollo personal, decidimos superar nuestros límites. No fue nada fácil. Llegamos a Dubái sin conocer a nadie y sin saber del todo con qué nos encontraríamos. Yo había dejado el trabajo en el que llevaba muchos años.

Me apunté enseguida a un curso de inglés. Mi consejo para quienes acaban de llegar y vayan a apuntarse a un curso de inglés: que elijan uno centrado en la conversación. Buscamos casa durante mucho tiempo. Tomamos caminos equivocados. Sacamos las tarjetas equivocadas. Nos multaron una y otra vez. Nos perdimos. Cuanto más calurosa se volvía la ciudad, más grande e intimidante parecía. Luego hicimos nuevos descubrimientos. Cuanto más explorábamos, más nos gustaba. A medida que nos acostumbrábamos y hacíamos amigos, la fuimos queriendo. Al fin y al cabo, ¿no son las personas con las que lo compartes las que hacen hermoso un lugar? Aquí conocimos a gente maravillosa. Comprobamos que, lejos de su país, las personas se abrazan con más fuerza unas a otras.

¿Qué pasó hasta llegar a esta etapa? Miraba el paisaje desde el balcón y decía, con los ojos llorosos: «La vista es preciosa, pero no me apetece ni tomarme un café sola». Hubo veces en que salía y no lograba resolver nada con mi inglés a medias, en que tomaba el metro equivocado y volvía sin llegar a mi destino. No supimos protegernos del sol y, en la primera semana, nos quemamos como un tizón. Y vivimos muchas cosas más.

Nos acostumbramos, lo resolvimos, aprendimos. Si acabáis de llegar, no tengáis miedo. Dubái es uno de los mejores lugares donde se puede vivir como expatriado. Siempre podéis contactarme. Haré todo lo posible por apoyaros. No estáis solos. Quedaos con amor.